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lunes, 16 de mayo de 2016

PRMERA CUERDA-MI- Las Maravillas-2


CAPÍTULO ANTERIOR



2

Aquel miércoles 9 de julio de 1975, Isidre Tarrés salió más temprano de la fábrica Fabra y Coats de Sant Andreu. Trabajaba allí desde que había finalizado el servicio militar en Barcelona. Procedía de un lugar del Pirineo Catalán que ni tan siquiera aparecía en los mapas de la comarca. 


Estaba contento, no demasiado cansado y quería llegar al modesto piso del mismo Sant Andreu, donde vivía con su mujer Lola y su hijo Martí, de cinco años. Le apetecía mucho tocar la guitarra. Isidre sonrío. Esos planes se cumplirían siempre y cuando el bebé que estaban esperando no se decidiera a venir al mundo, pues su mujer ya estaba fuera de cuentas.

—“Aunque, bien pensado, hoy sería un día perfecto para nacer”—pensó.

Iba enfrascado en sus pensamientos cuando giró la esquina. No vio al individuo que, vestido con una chaqueta gris, empezó a seguirle. Cuando se paró en el semáforo en rojo, aquel desconocido se le abalanzó:
—¡Alto!¡Policía! ¡Identifíquese!—dijo aquel hombre de pose marcial, mostrándole una placa.

Què diu ara? No he fet res, jo!—replicó asustado Isidre, utilizando su lengua materna, el catalán.

—¡Diríjase a mí en cristiano!—le increpó el desconocido!—¡Y muéstreme ahora mismo su Documento Nacional de Identidad!

— Sí, sí… —Sus dedos no encontraban la cartera que debería de haber estado en el bolsillo trasero de sus pantalones—. Perdone, disculpe, pero creo que se me ha caído o me lo han robado. Me llamo Isidre Tarrés Canal.

—¡Vaya por Dios! ¡Encima graciosillo, el caballero!—tronó la voz del agente de paisano—. Pues queda usted detenido. ¡Venga, a comisaría!—le espetó mientras le colocaba las esposas.


—Escúcheme, por favor, yo no he hecho…—La frase quedó incompleta; un tremendo bofetón acababa de tirarlo al suelo, con el labio partido.




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