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miércoles, 25 de mayo de 2016

PRIMERA CUERDA- Las Maravillas- 11



—”Pues resulta que esa zorra tenía marido tal y como me decía”—pensó la monja.

 Aunque ya era demasiado tarde para andarse con remilgos. Se había comprometido y había dado su palabra.

 Aquella distinguida dama y su esposo aguardaban en su habitación privada desde esa misma mañana. Estaban ilusionados. Por fin iban a tener la dicha de ver su hogar bendecido con un hijo. Además, era un niño muy guapo. Seguro que los colmaría de dicha y felicidad.

La hermana Pilar lo consideraba un acto de la máxima justicia. No se podía permitir que personas cristianas de bien no pudieran sentir la alegría de ser padres y eso había que solucionarlo. Se sentía un simple instrumento de los designios del Señor.


Tenía que ser pronto. Sería su buena obra del mes. Lo haría al día siguiente, por la mañana, cuando se llevara a Miquel para asearlo.

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